Pasa al futuro o quedate en Egipto

Un poco de Historia
En este artículo de Gadness te contamos un poco de cómo hacían en la antigüedad para embellecer sus pestañas. Desde hace miles de años las personas o las mujeres ya tenían en cuanta algunos cambios en su look que sirvieran en el impacto visual ante las demás personas. Algunas culturas con objetivo estético y en otras ocasiones era por necesidad o por cuestión religiosa.
En el antiguo Egipto (alrededor de 4.000 a.C.) tanto hombres como mujeres utilizaban sustancias como el Kohl —una mezcla de galena (sulfuro de plomo), carbón o antimonio— para oscurecer los párpados, cejas y pestañas. En algunos casos mezclaban el kohl con otras materias como ceniza de almendras quemadas, miel o incluso estiércol de cocodrilo, para dar adherencia o efecto más prolongado.
También se dice que cepillaban o peinaban las pestañas para darles más forma, extendiéndolas, haciéndolas más visibles, más definidas. Aparte del efecto estético, muchas de estas prácticas tenían un propósito protector: los pigmentos oscuros alrededor de los ojos ayudaban a reducir el resplandor del sol, proteger contra el polvo, y tenían una connotación espiritual. En muchas culturas se hablaba de que los ojos eran la “ventana del alma”, con lo cual su aspecto era muy importante ante la mirada de otros.
La evolución hacia el rímel y métodos intermedios
Después del antiguo Egipto, en épocas como la victoriana (siglos XIX y principios del XX) las mujeres empezaron a crear fórmulas caseras: por ejemplo, mezclas de carbón u hollín con vaselina para pintar las pestañas manualmente.
La palabra “mascara” (o “rímel”) proviene de desarrollos europeos, y el producto moderno tarda hasta fines del siglo XIX / principios del XX en definirse como lo conocemos. Este contexto histórico permite mostrar cuánto ha cambiado la rutina de pestañas: de mezclas rudimentarias, muchas veces tóxicas o incómodas, a fórmulas modernas más seguras, eficaces y de fácil aplicación.
Durante la década de 1940, el mundo de la cosmética vivía una etapa de transición: aunque el maquillaje ya era un elemento cotidiano para muchas mujeres, las fórmulas, envases y rutinas distaban mucho de las máscaras de pestañas modernas. Aquí te explicamos cómo era el proceso y qué ingredientes se utilizaban:
Formula y presentación.
Algunas fórmulas antiguas venían en forma de «cake mascara» (pastilla sólida) o cremas espesas. Por ejemplo, una marca especializada en estilo retro explica que en los 1940 se ofrecía “cream mascara” compuesta básicamente por vaselina teñida, que se aplicaba con un pequeño cepillo tras depositar una gota.
También existían fórmulas líquidas o en pasta: según archivos de maquillaje histórico, para la década de los ‘40 ya se habían lanzado máscaras resistentes al agua (waterproof) con compuestos bastante agresivos como disolventes. En muchos casos la aplicación era más artesanal: las mujeres mezclaban el producto con unas gotas de agua o incluso saliva para lograr mayor definición o consistencia.
Ingredientes principales.
Vaselina (o “petroleum jelly”) era base frecuente para dar textura cremosa al producto. Pigmentos oscuros como polvo de carbón u hollín, para teñir las pestañas. Ceras, aceites y ceras naturales para dar cuerpo al producto y que se adhiriera bien a las pestañas.
En el caso de las primeras fórmulas “waterproof”, se usaban solventes muy fuertes. Debido a la Segunda Guerra Mundial, hubo escasez de ciertos componentes y las fórmulas se simplificaron o adaptaron a los recursos disponibles. Para los envases y la aplicación en sus rutinas las personas podían encontrar a la venta productos en tubo con aplicador como el que hoy conocemos (el “wand” moderno se popularizó luego). Según reseñas, en los ’40 se utilizaba un cepillo o “lash brush” que se sumergía en el producto y luego se barría sobre las pestañas.
Las mujeres aplicaban una o dos capas, peinando las pestañas para separar la aplicación y evitar que se apelmazaran. Algunas incluso usaban una aguja o pequeño alambre para desenredar después de aplicar. Dado que el día a día implicaba trabajos manuales o wartime duties, la rutina de maquillaje debía adaptarse a menos tiempo y menor cantidad de producto, aunque el deseo de unas pestañas definidas seguía presente.
Limitaciones y riesgos.
Las fórmulas eran menos seguras: los solventes fuertes, pigmentos rudimentarios y menos controles de higiene podían provocar irritaciones o incluso caída de pestañas. La aplicación requería más “trabajo”: mezclar el producto, esperar a que se secara entre capas, peinar manualmente para separar. El producto tendía a endurecerse o “escamar”.
Este panorama histórico sirve para resaltar cuánto han evolucionado los productos de pestañas y cómo hoy, gracias a mascaras como el Yang de Gadness, las mujeres pueden disfrutar de fórmulas más seguras, eficaces y cómodas. Como verás este artículo fue una buena forma de contarte cómo los productos de Gadness representan la evolución: un producto moderno, saludable y eficiente comparado con las prácticas antiguas. Es entendible que en la antigüedad se usara lo que podían para solucionar e implementar las técnicas de embellecimiento, pero en la actualidad no hay excusas.
